En nuestro útlimo día en la Chapada Diamantina recorrimos un pueblo en el olvido y la imponente Cachoeira do Buracão

Igatú, un pueblo perdido

Igatú, quizás el pueblo más perdido en el que estuve alguna vez en mi vida. 380 habitantes viven en este lugar que llegó a tener 10.000. Un pueblo fantasma donde todavía se puede ver vestigios de lo que alguna vez fue. Tierra de diamantes y “garimpeiros”, que le dieron nombre a esta increíble chapada.

Pero el diamante se terminó y la ciudad se despobló, solo ruinas quedó, de una ciudad creada en las montañas, con calles de piedra, de difícil acceso, que nos hace sentir que estamos en otro mundo, en otro tiempo.

Pueblo donde todos se conocen, y saben cuándo llega un auto “extranjero”. Las personas se asoman a la ventana a ver quién llegó, saludan tímidamente, pero saludan todos. De perros y gatos dueños del lugar, que son capaces de entrar a tu cuarto y acostarse a dormir en tus pies (si, me pasó). De negocios que cierran temprano, pero a los que solo “hay que aplaudir” para que te abran las puertas de su casa y te cocinen, porque literalmente vas a comer en sus casas, comida cocinada en una cocina como la que tienen ustedes ahí, acá no hay nada industrial, es todo casero, tan casero como el único móvil policial que hay, que es prestado de alguna localidad cercana, o la única señal de Internet que hay, es claramente compartida, celular? Olvidenlo!! No hay ningún tipo de señal.

Foto de las ruinas de la ciudad de Igatú
Igatú

Es tan informal el lugar, que al duelo de la posada lo tuvimos que ir a buscar, nos dio la llave de la misma y se fue, sí, toda una posada para nosotros solos!!! O al otro día levantarse y tener preparado un desayuno bien bahiano, para solo nosotros 2, sin escatimar en nada!!! Y desayunamos bien!!! Ya que nos esperaba un último y largo paseo por la Chapada Diamantina: la Cachoeira do Buracão.

Cachoeira do Buracão

2 horas separan Igatú de Ibiquera, ciudad que hace de portal de acceso a la Cachoeira. Ahí pasamos a buscar a un nuevo guía, ya que es obligatorio ir con un guía del lugar, y necesario ya que es muy fácil perderse e ir por lugares peligrosos. Salimos de la ciudad y tuve que manejar por unos 20 km por caminos de montaña de tierra y arena. Fue muy cansador, el camino estaba en pésimas condiciones y había que ir casi a paso de hombre. Llegamos al puesto de entrada, pagamos unos R$6 por persona el ingreso, dejamos el auto y comenzamos nuestra aventura a pie.

3 km hay que caminar para llegar, el camino es bastante fácil (más aún si se lo compara con la fumaça) y con pocos desniveles. Se camina por hermosos paisajes que van mudando desde vegetación de desierto (con cactus y arbustos), a mata tupida con múltiples aves. Casi todo el recorrido se lo hace a la vera del Río que formará la Cachoeira do Buracão y 2 cascadas mas: Orquídeas y Recanto Verde.

Foto de la Cachoeira das Orquideas en Chapada Diamantina
Cachoeira das Orquídeas

Por la hora que habíamos llegado el guía nos dice para ir directo a la estrella máxima de este paseo, y a la vuelta visitar las otras cachoeiras, también nos indico que llevemos mucha agua y cosas para comer, ya que el “almuerzo” sería en el camino.

La travesía

Foto donde se ve el río camino a la Cachoeira do Buracao en Chapada Diamantina
Camino a la Cachoeira

Comenzamos nuestra caminata, bien tranquilos y animados, disfrutando de lo que iba a ser nuestra última trilha en la Chapada. Los pocos desniveles que íbamos a atravesar iban a ser en una escalera natural entre las rocas y dos escaleras “Santos Dumont”. Luego de poco más de una hora llegamos a una parada donde había unos salvavidas colgados en una cuerda a la vera de una laguna. Ahí nos colocamos uno cada uno y comenzamos la parte más divertida de la trilha, casi 200 metros nadando para llegar a ver la Cachoeira, en agua fría. Toda una travesía para nuestros ya cansados cuerpos.

Foto del Rio en la desembocadura de la Cachoeira do Buracao, en Chapada Diamantina
Río por el que debimos ir nadando

Hicimos unos metros y comenzamos a adentrarnos en un cañón y escuchar un estruendo constante. Hicimos una curva y por fin la vemos… Una cascada gigante y furiosa. Agua cayendo como si tuviera prisa. Una fuerza tan impresionante que en su caída a la laguna, genera olas. Y ahí uno entiende el nombre: no es una cascada como cualquier otra, es agua cayendo en un pozo, cae literalmente, en caída libre. Es como una cortina de agua infranqueable. Imaginen una gran tormenta en la que escuchan caer muchísimo agua en sus techos, ese es el sonido que se escucha de esta increíble cascada.

Cachoeira do Buracao por tras de las piedras, en la Chapada Diamantina

Un nuevo desafío

Pero eso no iba a ser todo, junto al guía y una de las chicas que nos acompañaban nos armamos de coraje (y fuerza que ya para ese momento faltaba) y decidimos ir nadando a enfrentarla. Había que vencer la corriente y las pequeñas olas que iban en nuestra contra, nadando en agua cada vez más fría, hasta que logramos llegar cerca de ella. Luego tuvimos que subirnos a las piedras, e ir centímetro a centímetro acercándonos a la caída de agua. Nuestra acompañante nos abandonó, así que éramos el guía (que hizo eso cientos de veces) y yo.

Confieso sentir miedo estando cada vez más cerca, y las piedras convirtiéndose en resvaladizas. Pero lo logré, llegue a sentarme debajo de ella, sentir toda la furia del agua sobre mi, tener dificultades para respirar, pero aún así, un sentimiento maravilloso, y una realización personal inimaginable: había logrado vencer todos los obstáculos que me había puesto en la Chapada Diamantina.

Foto de la Cachoeira do Buracao en la Chapada Diamantina
Cachoeira do Buracão

La despedida de la Chapada

Cómo lo dije varias veces a los moradores de esa zona: para un chico de ciudad, acostumbrado a andar en ascensor y bus, subir a cada uno de estos lugares, era un desafío enorme y una felicidad aún mayor a cada vez que lo lograba!!! Y así me despedía la Chapada, de una manera inigualable, bautizándome con sus más grandes aguas, haciéndome entender que todo es posible, que cuando hay deseo de realizarlo, aunque haya cansancio, y mucho, la fuerza de voluntad aparece.

Foto del cañon formado en la Cachoeira do Buracão, en Chapada Diamantina
A la derecha la Cachoeira do Buracão, a la izquierda el río por el cual nadamos

Quedan cientos de anécdotas sin contar en estos relatos, fueron días muy intensos y estimulantes. Pero aunque no lo quisiéramos, en algún momento hay que decir adiós.
Gracias Chapada por haber sido tan maravillosa!!! Gracias por darnos todo de vos, tantos climas y lugares diferentes. Tantas vivencias que me hacen llenar los ojos de lágrimas de solo recordar. Gracias por haberme demostrado lo mejor de este país que quiero tanto. Gracias por hacerme vivir cosas que no se pueden contar con palabras, que se quedan cortas ante tu grandiosidad. Este adiós es sólo un hasta pronto, hasta muy pronto. Volveremos por ti y nuevos desafíos!!!

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