Catarata dos Couros – Chapada Dos Veadeiros

A esta altura del viaje, el cansancio es un constante amigo. Muchas veces nos movemos más por voluntad que por energía. Pero nos quedaba un día más en la Chapada Dos Veadeiros, y no lo íbamos a desperdiciar. Habíamos dejado el complejo más grande de todos para el final: Catarata Dos Couros

La Catarata dos Couros, a diferencia del resto de cascadas que visitamos, es un conjunto de saltos, quedas, pozos y piscinas naturales. El lugar es gigante, tanto así que solo visitamos una parte de el.

Se llega a través de la ruta que une Alto Paraíso con Brasilia (GO-010) y a unos 15 km de la ciudad se debe tomar un camino de tierra, en bastante buenas condiciones, por cerca de 30 km. El lugar es de entrada gratuita, habiendo en el estacionamiento, personas que cuidan los autos, que piden una contribución a voluntad.


Lo bueno de este complejo es que a los 500 m del estacionamiento, descendiendo, encontramos la primera y mayor de las cascadas, llamada la muralla. Cómo estábamos en la época de sequía, la caída de agua estaba muy disminuida, por lo que decidimos ir caminando “bajando” las cataratas hasta donde pudiéramos.

Caminando por la catarata dos couros

El camino es bastante sencillo, pero no está señalizado, por lo que puede ser fácil equivocarse y tener que volver tras sus propios pasos. Ya a esta altura teníamos bastante entrenamiento en “hacer trilhas” por lo que nos resultó sencillo todo, incluso el “leer las piedras o el camino”.

Todo el camino es a través o al costado del Río Couros (que da nombre a la Catarata). Con un suelo de piedras de color dorado y miles de caídas pequeñas (miles literalmente), caminar aquí es un placer enorme. La poca sombra que existe hace que cada refrescada que nos damos en sus aguas es súper aliviador.

Foto del Rio Couros con sus multiples caidas
Parte del camino a través del Río Couros

Una caída imponente

Continuamos caminando y nos encontramos con una gran caída! Debemos bordearla y descender por escaleras de piedra, hasta que por fin la vemos, una caída gigante de agua que revienta en la piedra de abajo con una fuerza tremenda. La fuerza es tan grande que podemos ver el “agujero” que realiza la cascada en “la montaña de enfrente”, cuando alcanza su máximo caudal en la época de lluvia.

Foto de la caida de agua en la Catarada dos Couros, Chapada dos Veadeiros

Es inimaginable pensar en la fuerza que puede adquirir si, en estos momentos, está “seca” e imponente. Poder bañarse debajo de ella es un hermoso desafío que nos regala un relajante masaje. El problema es que este punto no tiene nada de sombra y estábamos cercanos al mediodía, dónde el sol estaba muy fuerte, así que aguantamos todo lo que pudimos dentro del agua y luego comenzamos a regresar (a pesar que todavía se podía seguir bajando encontrando nuevos pozos y caídas).

Encontrando lugares únicos

En el camino de regreso, el sol cada vez hacia más notar su presencia. El grupo comenzó a separarse debido a que algunos eran más rápidos que otros. En un momento quedé solo, teniendo a todos atrás mío. Caminé, caminé y caminé. De repente apareció el paisaje más característico de este lugar. Es común ver desierto por todos lados y un solo árbol super grande y verde, cómo si fuera el único que tiene acceso al agua. Entonces lo vi, cómo si fuera un pozo de agua en el desierto. Saque mi “Canga” la tire en la sombra de el árbol y ahí nomás me acosté a descansar y esperar.

Foto del rio couros en Chapada dos Veadeiros
Al fondo se ve el único árbol con sombra

Era una situación muy graciosa, las personas pasaban al lado y miraban, se reían, pero al mismo tiempo envidiaban que había conseguido la única sombra del lugar. Y ahí, al rato, llegaron mis amigos, se morían de risa. Sin demorarse, tiraron sus trapos al piso, y estábamos todos debajo del árbol muertos de risa, pero no de calor. Y charla va, charla viene, por momentos me abstraía del lugar. No podía dejar de pensar lo maravilloso del momento. Estar sentado debajo de un árbol, charlando, con personas de Río, São Paulo y Pernambuco, al costado de una catarata, con el agua corriendo y haciendo ruidos, con los pájaros posándose en el único árbol con hojas (el nuestro), cómo si buscarán sombra como nosotros, con algunos que bebían agua de las caídas, no sé si existiría un momento más simple y mágico cómo ese…

Caida de agua en el Rio couros en la Chapada dos Veadeiros
Caminos por los cuales caminamos

El regreso a la muralla

Volvimos a la primera cascada, la mayor, la más seca. Algunos fueron en busca de bebidas y otros se colocaron en la sombra para esperar. Yo, sr. ansioso, miraba la cascada y el pozo gigante que formaba y no aguantaba las ganas de ir. A esa hora (15 hs aprox) ya quedaba poca gente en el lugar, y los últimos que se estaban bañando ya habían salido. Además el agua fría de las anteriores cascadas hacia que, el querer ingresar a cierta hora, provocará realizar cálculos matemáticos referentes a: tiempo adentro del agua, tiempo necesario para secarse, horas de sol que quedaban, cuánto iba a declinar la temperatura, si había viento reducía las posibilidades de querer entrar, etc. Jajaja. Todo de forma automática. Pero como solo se vive una vez, esta oportunidad no me la iba a perder.

Foto de la muralla en la Catarata dos Couros en Chapada dos Veadeiros

Así como estaba, dije: “ahora vuelvo” y me fui. Me metí al agua y sorprendentemente, estaba bastante tibia la temperatura. Fui directo abajo de la cascada, a sentir su fuerza, fue fantástico. Ya me había olvidado de todo, de las horas de sol, del tener que secarme, de que tenía que manejar a la vuelta, me quedé ahí, y nunca más salí…

Foto de la cascada de la muralla en la Catarata dos Couros en Chapada dos VEadeiros

Y así como soy ansioso, tengo una curiosidad gigante. Comencé a nadar de un lado al otro, como si fuese el dueño de la pileta. Subí a unas piedras, y caí por otras, “escorregava” mucho (resbalaba). De repente, cómo si de un premio se tratara, las piedras se convirtieron en arena, y el suelo se convirtió en una playa, pequeña, pero playa al fin.

No podía parar de asombrarme con la chapada, uno cree que ya vio todo, pero siempre hay algo más. Comencé a ver un gigante banco de arena al lado de la caída de la cascada, y tuve que salir en búsqueda de los demás.

Foto del banco de arena que se forma en la cascada de la muralla
Banco de arena que forma la “playa”

“Urgente! Vengan!” Los guiaba entre las piedras (yo metido en el agua), y cuando llegaron no lo podían creer. Estábamos a punto de volvernos a la ciudad. Cuando vieron esa playa y sintieron la temperatura del agua, lo que era una vuelta a las 15:30 hs, acabó siendo una vuelta cercana a las 18 hs!!! Nadie quería salir del agua, éramos 5 nenes jugando en una pileta, incluso aquellos que tenían más miedo. Los que no teníamos, íbamos y volvíamos de la cascada. Encontrábamos lugares donde sentarnos bajo la caída de su agua, y disfrutábamos de sus masajes… Y volvíamos a juntarnos los 5, en el banco de arena, sentados cómo si fuese en sillas de una plaza… No podía ser más perfecta esa tarde, el sol se movía, pero nosotros no…

Hora de la despedida

La Chapada nos despedia con una caricia que recordaré por siempre. Cada momento que pasamos en ella fue una montaña rusa de emociones. Nos sentimos privilegiados por conocer tantos lugares increíbles. Ver bellezas inimaginables. Pero sobretodo, de ser sorprendido a cada paso. Ya veníamos de otra Chapada tremenda, y ese miedo a no gustar estaba en nosotros. Y no fue nada así, la Chapada Dos Veadeiros nos brindó lo mejor de sí… Y más no le podíamos pedir… Nos vamos rumbo a Brasilia. Agradecidos, sabiendo que aún queda mucho por conocer y descubrir. Sin dudas, vamos a volver!!!

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